El verano, las espigas y nuestros perros

Publicado el 11 de June de 2008 por Manuel Alonso

Con la llegada del calor, en los montes cercanos y los parques de nuestras ciudades van apareciendo distintas hierbas y malezas que germinan con la primavera y los primeros rayos de sol. Estas plantas, a menudo, despliegan conjuntos de espigas que se van desprendiendo de la planta según esta se va secando, con el viento o con el roce del paso de animales o personas.

Cuando una de estas espigas va a parar a nuestro calcetín, el único problema que nos causará será la molestia de descalzarnos para poder extraer la espiga y seguir con nuestro paseo. Gracias a que caminamos erguidos, nuestras cabezas quedan muy por encima de estas espigas, pero no ocurre lo mismo con nuestros perros, ya que estos, por muy grande que sea la raza, siempre caminarán entre las malezas de los montes y parques con la cabeza agachada y rozando con todo lo que encuentre a su paso.

Cuando nuestros perros pasean por estos lugares (más aún cuando ya está bien entrada la primavera), hacen que estas malezas desprendan sus espigas y en ocasiones acaben en el oído interno de nuestro animal. Esto puede ocasionar graves daños en el oído, ya que si no actuamos y dejamos que esta permanezca ahí, corremos el riesgo de provocar un gran dolor al animal, porque a menudo las espigas acaban por infectarse y entonces sí que sería totalmente necesaria la intervención quirúrgica para poder extraerla.

Es muy fácil detectar si a nuestro perro se le ha introducido una espiga en su oído. Además efectuar continuas sacudidas de la cabeza (parecido a cuando se están secando después del baño), observaremos que el perro ladea excesivamente la cabeza del lado del oído en el que se le ha introducido la espiga, como si estuviera "escuchando" el suelo. Es muy característico y fácil de detectar.

Una vez que hemos detectado el problema, procederemos inmediatamente a tumbar al animal en el suelo con el oído afectado hacia arriba, retirando con cuidado la oreja y los pelos con una mano y con la ayuda de una linterna o luz potente, intentar localizar la espiga.

Sólo debemos intentar recuperarla si esta está accesible a nuestros dedos. NUNCA, repito, NUNCA, introducir ningún objeto (y mucho menos punzante como pueden ser unas pinzas) en el oído del animal para intentar recuperarla, este podría dar una sacudida y provocar que el objeto dañe de una forma gravísima el oído.

Si no vemos la espiga, o esta está demasiado profunda para alcanzarla con la sola ayuda de nuestros dedos, deberemos llevar inmediatamente a nuestro animal a un veterinario para que este la extraiga. No es que sea cuestión de vida o muerte, pero con el paso de las horas la molestia se tornará en dolor y será más complicada su extracción.

Una vez en el veterinario es posible (en muchas ocasiones así ocurre) que sea necesario inmovilizar al animal con una anestesia para hacer más segura (y menos dolorosa) la extracción. Esto siempre conlleva un riesgo, pero creo que es perfectamente asumible, ya que en muy raras ocasiones la anestesia provoca brotes alérgicos que puedan complicar la situación.

Una vez extraída la espiga y recuperado nuestro animal de la anestesia, no requerirá ningún cuidado especial más, a no ser que el veterinario indique lo contrario.

Yo aconsejo a mis clientes no pasear a sus perros por lugares con maleza alta en estas fechas y que mantengan siempre el oído y orejas de sus animales limpios de cera y suciedad. Con una gasa y suero no requiere más de cinco minutos por semana.

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